Contar nuestras luchas: herramientas de comunicación para jóvenes activistas

3a. El desafío de llegar a la audiencia: las narrativas posibles

¡Hola! Les damos la bienvenida a un módulo más de esta experiencia de formación en comunicación y activismo para jóvenes. Ya hemos compartido qué es una idea y qué preguntas es necesario contestar antes de llevar adelante cualquier proyecto de comunicación, reflexionamos sobre la importancia de la creatividad y además nos acercamos a definiciones de conceptos clave: mensaje, temas, agenda y ecosistema.

Ahora, en este módulo, vamos a bucear el mundo de las narrativas y los formatos.

Las narrativas y los formatos debemos pensarlos siempre en función de qué tipo de mensaje queremos transmitir y qué tipo de audiencia tenemos y deseamos tener. Es de sentido común suponer que si queremos que nuestro mensaje llegue, por ejemplo, a trabajadoras rurales habitantes de zonas sin conectividad a Internet, no haremos una serie de videos en redes sociales como única pieza de nuestra campaña. Esto que parece tan simple, a veces en algunos productos comunicacionales se pasa por alto, la campaña se termina desperdiciando y el objetivo queda sin cumplir. Algo similar nos pasa cuando queremos transmitir una idea positiva o de empoderamiento y lo hacemos desde una narrativa victimizante, es decir que refuerza en quienes reciben el mensaje su sensación de que son víctimas de algo que las, les y los trasciende, ¿cómo logro empoderarme si todos los mensajes me recuerdan que soy débil?

Bien, vamos de a poco. 😁

El pensamiento narrativo es algo tan sencillo como contar nuestras propias historias a nosotrxs mismxs o a lxs demás. Al narrar estas historias vamos construyendo un sentido sobre nuestras experiencias. Si yo te pregunto: ¿qué hiciste hoy? Probablemente lo primero que te vendrá a la cabeza será el acontecimiento más destacado del día y su correspondiente emoción: triste, alegre, agradable, desagradable. El relato va a mostrarte solo o acompañado, como un héroe o una víctima, como ganadora o perdedora, como villana o salvadora.

Todas las culturas en todos los tiempos crearon y consumieron historias, cada vez que contamos algo que nos pasó estamos haciendo un relato, narrando. Por eso conocer bien qué tipo de relato y qué narrativa estamos construyendo es clave cuando queremos alcanzar a nuestra audiencia o comunidad. 

¿Y cómo empiezo a construir una narrativa? Bueno, la narrativa no solo es utilizada en nuestros diálogos cotidianos, también es muy importante en la literatura (la novela o el cuento son géneros narrativos), el cine, la historieta, el teatro, el periodismo. Tenemos una enorme caja de herramientas donde ir a buscar ejemplos e inspiración.

¿Por qué es importante que seamos conscientes de cómo contamos las historias? Porque si queremos comunicar algo que ocurre en nuestras comunidades debemos acercamos a los acontecimientos en tanto historias y experiencias y no como si fueran casos o números. Debemos contar procesos con causas y consecuencias, no realidades estáticas. 

Cuando comunicamos nuestras luchas, las experiencias y las historias tienen un lugar protagónico, desde el relato de historias reales podemos lograr que las audiencias se identifiquen y se conmuevan con los relatos de vida. 

Un buen ejemplo en la búsqueda de narrativas es “Cuarentenials”, una serie de historietas realizada por la campaña Basta! de Oxfam con la participación de la Red de Jóvenes de Latinoamérica y El Caribe y desarrollada por LatFem.

 

Sigamos adelante, pero primero vamos a hacernos unas preguntas para pensar nuestras propias narrativas.